Fundador Juan Bonal

Los caminos saben del padre Juan Bonal lo que no está escrito. Cartas, legajos, requerimientos y otros manuscritos han sobrevivido a los años dejándonos parte de su legado.

Su obra, impresionante, es imposible resumirla en unas líneas y mas aún conquistar el calor del corazón del lector a través del frío y lejano mundo de internet.

Sin embargo, este es otro camino y si has seguido sus pasos para llegar hasta aquí, podrás leer lo mas significativo de nuestro fundador.

HISTORIA DE UNA VIDA

• LOS PRIMEROS PASOS

Terrades, pueblo del alto Ampurdán en Girona ve nacer en el año de 1769 a Juan José Jaime, primogénito de al menos otros seis hermanos y de humilde familia dedicada a las labores del campo. Como rezaban las costumbres de la época y obligados por el alto riesgo de mortandad infantil, es bautizado a los pocos días y con tan solo tres años confirmado por el obispo de Girona: D. Manuel de Palmero.

Estudia entre Terrades y Figueras y se gradúa en Filosofía en la Universidad de Huesca con excelentes resultados que le permiten aprobar oposiciones para la enseñanza de la gramática en Sampedor. Deja sus actividades docentes y cursa Teología durante tres años para dedicarse de nuevo a la enseñanza y a una intensa actividad eclesiástica, ya ordenado sacerdote. Se dedica a instruir a niños desamparados, se preocupa de los presos y de los enfermos, a predicar y a confesar y durante unos meses es vicario de la villa de Vinyols en Tarragona.

• FUNDADOR DE HERMANDADES

En Marzo de 1804 es nombrado vicario del Hospital de la Santa Cruz de Barcelona que recoge a los más pobres e indefensos de la sociedad. Haciendo nombre al concepto de hospital de aquella época, dementes, enfermos sin recursos, niños abandonados y un largo etcétera se acogen entre sus paredes. Parece que su vida se va a estabilizar aquí dado el ancho campo para su ideal apostólico y caritativo, pero por aquel entonces están naciendo en Cataluña unas hermandades de caridad: hombres y mujeres que se consagran por entero a la vocación que él ha intuido.

Desde el hospital de la Santa Cruz se trasladan por otros centros de Cataluña y estas personas vocacionadas producen una transformación sirviendo con exquisita caridad y entrega además de una notable economía. La fama llega hasta el hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza y su junta de Gobierno, llamada comúnmente Sitiada solicita este servicio. Por estas circunstancias el padre Juan Bonal se traslada a Zaragoza como recoge un informe escrito en el año 1816:

“La Sitiada hizo venir a don Juan Bonal, que puntualmente se empleaba con el mayor celo en los Hospitales en auxiliar a los enfermos, procurarles socorros espirituales y temporales y sobre todo para que prosperase el proyecto, cuidar muy particularmente en catequizar jóvenes de ambos sexos que se resolviesen a emplear en obra tan santa, a que le ayudaban varios curas de aquel Principado con feliz suceso.”

Después de un mes, la junta del Hospital y el padre Juan se ponen de acuerdo para hacerse cargo de su organización y obligaciones y regresa a Barcelona. Allí, prepara la expedición compuesta por doce hermanos y doce hermanas y el 28 de diciembre de 1804 llega la comitiva a la ciudad bajo una popular y calurosa acogida según dice la crónica, para comenzar sus tareas el primer día de 1805. El padre Juan se queda como capellán del hospital y al frente de las hermandades.

Pronto se advierte la transformación del hospital, hay limpieza, orden y sobre todo un trato delicado y caritativo. El padre Juan desea realizar un proyecto de uniformidad de todas las hermandades en beneficio de una única congregación pero la vida religiosa de la época, las juntas de gobierno en los hospitales y las autoridades no hicieron posible este sueño.

La hermandad masculina sucumbe por las dificultades y desaparece definitivamente en 1808, sin embargo, la hermandad femenina con la madre María Rafols al frente sigue ocupándose de sus tareas, con plena confianza de la Sitiada y creciendo en número para asumir nuevos encargos en el Hospital.

• LOS SITIOS DE ZARAGOZA

El cerco establecido por las tropas francesas y los continuos bombardeos vienen a convertir en ruinas el viejo Hospital. Los enfermos se agolpan entre las piedras con grave peligro de sus vidas. La audiencia, lonja, casa consistorial y otras son utilizadas como improvisados sanatorios. Días después serán reunidos todos en la Casa de Misericordia y dada la continua llegada de heridos, los civiles serán llevados al pequeño Hospital de Convalecientes donde se instalará definitivamente él nuevo Hospital de Gracia.

Además de espacio, faltan camas, ropas, medicinas, alimentos… y el padre Juan con las Hermanas salen a pedir limosna por la ciudad recogiendo hasta un puñado de trapos para utilizar como gasas y vendas. Su actividad se desarrolla en varios centros. A la entrada de los franceses multitud de prisioneros serán atendidos por el procurándoles calzado, ropas, alimentos… asiste sobre todo espiritualmente a militares moribundos en varios hospitales distantes entre sí.

El pan escasea y la Sitiada decide hacer una cuestación por la ciudad recurriendo al padre Juan. Este obtiene los permisos para pedir limosna que distribuye según le dictan las necesidades a su paso. Las instituciones son ocupadas por franceses y la nueva Sitiada; conocida como la afrancesada dicta: “todo dinero y ropa debe entrar al hospital general y de la distribución se encargará el regidor”. El nuevo obispo presidente de la junta dice:

“He mirado la pequeña sociedad de las Hermanas, no como a unas pocas y pobres mujeres que en la actualidad sirven con edificación; no las he mirado como un niño en la cuna, de que nada hay que temer ni recelar; sino teniendo la vista puesta en los siglos venideros y escarmentado de los ejemplos pasados, que empezando débiles se hicieron fuertes y casi irresistibles, he cerrado enteramente la puerta a todo engrandecimiento por su parte, estableciendo inalterablemente su absoluta subordinación a la Ilustrísima Sitiada.

• SEPARACIÓN FORZOSA DE LA HERMANDAD

Así se excluye toda autoridad o influencia ajena a la Sitiada y se practica una separación del padre Juan de las hermanas que ven disminuir su número dada la poca esperanza de futuro. El 1 de abril de 1813 se nombra un director para la hermandad; don Miguel Gil, ex franciscano y director del Seminario de San Carlos de Zaragoza. Por distintos medios se aleja al fundador de las Hermanas.

Así, se dicta: “En consideración a la falta de lienzos que hay en el Hospital, ha acordado la Sitiada excitar el celo y caridad de don Juan Bonal, para que, acompañado de los sujetos que le parezca, vea si quiere encargarse de salir por la ciudad a hacer una cuestación.”

Poco más adelante el Hospital irá recogiendo el fruto de su trabajo:

“El Guardarropa mayor se carga diferentes ropas de las limosnas que ha recogido por los pueblos el presbítero D. Juan Bonal, y remitido el mismo en 7 paquetes con el ordinario de Calatayud”.

“Se hizo presente que han llegado algunas gallinas y se irán trayendo mas, de la vereda de D. Juan Bonal”.

Por los caminos de una España arruinada recoge, gallinas, cabezas de ganado, lana para colchones, trigo, cebada, judías, etc… son continuas referencias en los documentos que hablan de sus salidas.

• LAS VEREDAS

Cada vez las veredas se van haciendo más prolongadas y más distantes, mientras que por parte de los gobiernos y Sitiadas de turno todo se reduce a dar y pedir informes. En 1814 él mismo propone salir por los pueblos del reino para recoger ropa blanca. Como siempre se encarga en cuerpo y alma y el resultado es muy positivo aunque los administradores del Hospital se muestran recelosos de los reales que el padre Juan mendiga y comienza el martirio de la burocracia y la fiscalización.

En esta ocasión debe llevar un libro en el que apuntar todas las limosnas que le den y en cada pueblo debe firmar el alcalde confirmando las donaciones. Se recogen miles de reales, ropas, cereales, legumbres y algunas piezas de ropas que sirven para cataplasmas y vendajes.

• LA MÁS LARGA Y DURA VEREDA

Se podían remediar tantas carencias con los frutos recogidos en estos caminos que él mismo prepara un plan más ambicioso. La vereda de 1817 durará un año y recorrerá tierras de Aragón, Cataluña, Castellón, Valencia y Alicante. Su plan es modificado por la Sitiada ordenando que deben salir dos grupos con un sacerdote en cada caso a la cabeza. En su grupo le acompaña Mariano Sanclemente, amigo personal del administrador del Hospital.

Sanclemente se convierte en una auténtica pesadilla confiando continuas quejas sobre el padre Juan al administrador. “Ha comprado una silla para el caballo pero no dice quién es el maestro sillero y la clase de silla” o... “cebada para el caballo, pero ¿en qué días y a que precio?...“ La Sitiada defiende al padre Juan pero en adelante deberá atenerse a las reglas de contaduría.

La comitiva debe dar cuenta cada semana de lo obtenido: “Desde que hemos entrado en Cataluña no sabe más que predicar en catalán y confesar hasta las cuatro de la tarde y así es que hacemos un tercio más de gastos que no haríamos”.

Un limosnero a sueldo como Sanclemente no puede comprender al misionero que se desgasta por el bien de la persona entera. El padre tenía siempre cola para atender el confesionario.

Las quejas siguen llegando a Zaragoza y le ordenan que no se detenga en cada pueblo más de tres días y el responde: “Muy Sr. Mío: recibí la apreciada de vuestra merced muy atrasada, y a ella respondo que pondré en práctica lo dispuesto por la Ilma. Sitiada, sin embargo que, Dios mediante, evidenciaré lo que hay sobre este asunto. Y bien creo que la Ilma. Junta, deseosa de la verdad, verá con claridad la cosa. Disponga de su muy amigo y servidor, Juan Bonal.”

Desconocemos el recibimiento tras esta vereda y las razones de los juicios de Sanclemente si bien pueden deducirse de los hechos: El padre Juan seguirá siendo el veredero.

• NUEVAS RUTAS

La Sitiada confía en él y le dejan elegir para acompañarle a personas de su confianza. Además, pide del Nuncio licencias para confesar y para absolver pecados reservados.

Una nueva vereda se inicia por Sigüenza e ingresan unos 30.000 reales; Cuenca, Burgo de Osma, Jaca… más de 300 pueblos, regresa en abril después de un año y vuelve a salir en Agosto. Por permisos y papeles tiene un incidente en Navarra que le priva de las limosnas recogidas: “viene la justicia, me arrebata los papeles y me lleva a la Casa de la villa (todo sea por amor de Dios).”

Al cabo de un tiempo se soluciona la documentación y el Consejo de Navarra autoriza la cuestación y que le sean devueltas las limosnas.

• LA ÚLTIMA VEREDA

En plena ruta le llega la muerte en el Santuario de Nuestra Señora de Salz a 30 kilómetros de Zaragoza. Al Hospital de Zaragoza llegó la noticia de la gravedad del limosnero y la Sitiada ordena que salga de inmediato un médico hacia el Santuario. La madre Tecla Canti, una de las fundadoras y una hermana joven, Magdalena Hecho se desplazan allí y pronto emiten noticias sobre su mejoría. Pero aquella vida está ya muy gastada por las fatigas de tantos caminos y como en la organización de sus veredas hace testamento dejando unos pocos duros y sus libros en manos del presidente de la Sitiada, que los puso en venta en beneficio del Hospital.

Su cuerpo es trasladado a Zaragoza, por disposición de la Sitiada y sepultado en la cripta bajo la iglesia del Hospital.

“Estimado amigo y compañero: Con lágrimas en los ojos, las que verterse al suelo quieren, noticio a usted el haberse muerto nuestro amado Padre Juan que en gloria descanse, al que sin embargo que estará en ella, encomendará usted a Dios como lo hago yo.”

Así comienza la carta que su fiel compañero de sus últimos seis años de vida, don Fermín Redín, remite a otro compañero de veredas y así finaliza el resumen de la vida de nuestro fundador: el Padre Juan Bonal.

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