Fundadora Madre Rafols

Zaragoza concede el título mas bello a la madre María Rafols: Heroína de la Caridad.

La madre María Rafols nos aporta una vida dedicada al mas necesitado. Su pequeña Hermandad transcurre bajo el signo de un largo invierno: cincuenta años de silencio, oscuridad, pobreza y sometimiento a unas imposiciones por parte de la junta rectora del Hospital de Nuestra Señora de Gracia.

Sin embargo, el grano de trigo que muere en el silencio de la noche siempre da fruto.

HISTORIA DE UNA VIDA

• NACE MARÍA RAFOLS

María Josefa Rosa entra a formar parte de la familia cristiana el 7 de noviembre de 1781 en Villafranca del Penedés (Barcelona) para crecer en ella con una fe sencilla y fuerte. Dios la quiso preparar desde su infancia y su vida estuvo llena de contrariedades, cambios de domicilio, muerte temprana de sus seres queridos. Aunque no fuese lo normal sus padres deciden llevarla al colegio de la enseñanza en Barcelona motivados por la agudeza y precocidad de su ingenio, principalmente por su piedad.

Dios quiso cruzar los caminos de María Rafols y el sacerdote Juan Bonal, estaban preparados para hacer un proyecto de caridad para dotar a los hospitales de gente con vocación que quisieran dedicar su vida a los enfermos, dementes, niños expósitos, etc…

• UNA EMPRESA ARRIESGADA

El Padre Juan Bonal prepara una expedición a Zaragoza formada por doce jóvenes mujeres y otros tantos varones. Al frente del grupo femenino, y con sólo 23 años, está María Rafols. Llegan el 28 de diciembre de 1804 en una noche lluviosa después de recorrer 300 kilómetros en carro y dejando toda su gente y vida atrás, su objetivo era servir con caridad y fervor a Jesucristo en sus imágenes dolientes ayudados en todo momento por la virgen del Pilar. Aquel gran Hospital, Casa de los enfermos de la ciudad y del mundo, será donde María Rafols hará crecer una Congregación que sólo después de su muerte lograría su expansión.

• LA CARIDAD ES PACIENTE

La Madre María Rafols tiene que transformar un hospital que está lleno de desidia, desorden, abusos por parte de unos asalariados mal retribuidos que no tienen caridad, en una forma de vida religiosa apostólica que no será comprendida ni por los mismos que rigen los destinos del hospital. La Madre Rafols superará todos los obstáculos con tacto y prudencia, con esa caridad que es paciente, todo lo espera. Pero el motivo mayor de su sufrimiento será la oposición sistemática de la Junta a una forma de vida religiosa apostólica que sus regidores creen va en contra de la misma autoridad y atribuciones de la Sitiada, que no tolera otra dependencia que la suya.

Este será el mal de fondo que explicará muchas crisis y pondrá a prueba la fe y la esperanza de la madre Rafols.

En 1806, la madre Rafols, será la primera que se presentará a examen de Flebotomía. Para poder practicar la operación de sangría, tan frecuente en la medicina de su tiempo.

• PRIMER INTENTO DE EXPANSIÓN: LA HERMANDAD DE HUESCA

Aunque la madre María y sus Hermanas realizaban calladamente su misión, su caridad se conocerá por muchos otros puntos de España. Pero solo será a Huesca donde irán otras Hermanas llamadas por el obispo D. Joaquín Sánchez de Cutanda.

• LOS SITIOS DE ZARAGOZA

Durante los dos sitios por los franceses serían la madre Rafols y las Hermanas llamadas Hermanas de la Caridad, las que ayudarían a todos los enfermos y pobres. El 3 de Agosto de 1808, el Hospital queda en ruinas por un bombardeo. María Rafols será con su tranquilidad, trabajo y humildad quien iría a pedir de puerta en puerta el sustento para socorrerlos. Iban en busca de aquellos dementes incluso al mismo campo francés, arriesgando su vida en medio de balas. Después de tres sucesivos traslados en menos de cuatro meses el Hospital de Nuestra Señora de Gracia queda instalado a finales de 1808 en el llamado Hospital de Convalecientes.

Llegará el segundo sitio mas duro, donde la madre Rafols luchaba con mas amor por ayudar a sus enfermos. Los alimentos faltan para todos y no hay a quien pedir limosna. La madre se arriesgará y presentará al general Lannes para pedir alimentos y curar a los heridos. El arranque de Sor María y la delicadeza con que logró despertar la sensibilidad del caudillo francés salvaron muchas vidas. La madre Rafols y los pocos supervivientes de aquella catástrofe seguirán trabajando después de la guerra entre penurias y ruinas. Su misión, alimentar a los prisioneros y enfermos, procurar limosna con alguna reclamación por parte de la administración del gobierno intruso de la Caridad y del Hospital.

• CAMBIO DE JUNTA: LA SITIADA AFRANCESADA

El 28 de abril de 1811 empieza otra etapa dura en la que tampoco la Hermandad será reconocida. Se las reconoce mujeres adornadas con el Espíritu de Dios que se sacrifican por la salud de sus prójimos. Es la madre Rafols quien tiene que hacer frente con toda su energía a la todopoderosa Sitiada. Dimite como superiora en beneficio de la Hermana Tecla Canti. Esta, tiene que recurrir a la propia Sitiada para reafirmar su autoridad y comienza así un éxodo de Hermanas. La madre Rafols trabaja y ora en silencio.

La madre Rafols procuraba el indulto o la huída de los prisioneros maltratados. Incluso los oficiales presos en el castillo reclaman sus servicios a las señoras Hermanas de la Caridad. También las reclaman del Hospital de prisioneros atacados por la epidemia, en Torrero, en la distribución de la comida, para ayudar en el desorden y velar por la noche. Pero ya no hay fuerzas y ayudarán durante el día para tener una mejor atención.

También se han declarado las fiebres en grado de pútridos y muchas Hermanas han muerto, la madre tendrá durante su vida una salud frágil pero seguirá derramando por largos años el bálsamo de la caridad.

• CON LOS MÁS POBRES DE LOS POBRES

Al salir los franceses de Zaragoza se restablece la antigua Sitiada y la madre Rafols se podrá dedicar a lo que siempre quiso. Se encarga de la Inclusa y de los niños abandonados.

El 9 de agosto de 1813 será la madrina de un expósito. Estos niños tendrán solo su cariño, les buscará un sitio mas cómodo en el convento de la Encarnación. Tendrá que trabajar muy duro para cuidar de todos sus niños y contar con nodrizas y mujeres a las que deberán pagar. Sus recursos económicos serán muy escasos. En muchas ocasiones su mayor sufrimiento será ver morir a los niños en sus brazos.

Ella seguirá luchando y pidiendo mejoras. Hará un informe en 1818.

“Que la sala donde están ahora los niños es muy angosta y estrecha y de poca ventilación, especialmente para el verano que se aproxima, y que a poca costa se podría hacer bueno en una estancia que hay al lado, que sólo sirve para secar judías a su tiempo, haciendo en un extremo de ella una habitación con varias divisiones.”

Su preocupación por los niños es además fuera del Hospital. Visita las familias que tienen niños en "custodia" para ver si están bien atendidos; su corazón traspasa los muros del Hospital.

• HACIA LA APROBACIÓN DE CONSTITUCIONES

Varias Hermandades tenían un mismo ideal e incluso intercambiaban vocaciones. Esta, no encuentra cauce para realizar sus justos deseos de ser reconocida. La impaciencia crece y algunas piensan en incorporarse a las Hermanas de San Vicente de Paúl. El rumor llega a la Sitiada y es el detonante para que se de cuenta del verdadero problema de fondo, dando fin a las constituciones proyectadas.

El 9 de noviembre de 1818 las constituciones llegan a la Sitiada que tiene que poner sus manos con algunas modificaciones sobre la Hermandad que toman por suya y finalmente las aprueba en 10 días.

El trienio de 1820 al 23 de radical anticlericalismo prohíbe vestir hábito y obligan a secularizarse a los religiosos de ambos sexos. Nuevamente se ve la fidelidad y constancia de las Hermanas. El 7 de abril de 1823 y con la entrada en España de las tropas francesas termina el trienio liberal y la situación es mas propicia para retomar las constituciones. El 15 de julio de 1824 son aprobadas por el Vicario General por estar la sede vacante.

• LOS VOTOS RELIGIOSOS

Se preparan con unos ejercicios espirituales a sus primeros votos de pobreza, castidad, obediencia y hospitalidad. Trece Hermanas pronuncian con emoción la fórmula y junto a sus firmas las del presidente de la Sitiada y el propio director. Según las constituciones, estos votos deben renovarse todos los años hasta hacer un juramento de estabilidad o perpetuidad. Las tres Hermanas fundadoras y la Hermana Teresa Ribera que habían esperado 20 años bien merecen que se les adelante la fedea, y unos meses después, hacen su juramento de perpetuidad.

María Rafols es elegida presidenta y sigue dirigiendo la Inclusa. Además, su protagonismo frente a un horizonte mayor es cada vez mas patente. Acompaña a una hermana enferma a Huesca y visita a las hermanas de allí. Las relaciones con la Sitiada son mas cordiales.

Finaliza el primer trienio y la madre Rafols lo anuncia con tiempo, para que se haga la elección con tiempo. Es elegida la hermana Teresa Periú. La madre María podrá dedicarse a los pequeños sin hogar.

• LA NOCHE OSCURA: CÁRCEL Y DESTIERRO

Al comienzo de la primera guerra carlista la madre Rafols es encarcelada y posteriormente desterrada a pesar de ser declarada inocente.

Los liberales apoyan a la reina niña Isabel II frente a su tío el pretendiente Carlos. Detentan el poder y van radicalizando posturas, de marcado tinte anticlerical. En este ambiente, los recelos, delaciones, procesamientos… por la mas leve sospecha están a la orden del día.

La madre María es detenida el 11 de mayo de 1834 y trasladada a la antigua cárcel de la Inquisición, destinada ahora para presos políticos. Allí, junto a otras mujeres se ocupa de hacer todo el bien posible durante dos largos meses que finalizan con el pago de una fianza.

Después, sigue en la Inclusa esperando la sentencia que llegará un año mas tarde declarándola inocente aunque para sorpresa de todos se la obliga a salir de Zaragoza siendo exiliada a Huesca. Allí es recibida con cariño por las Hermanas que 7 años antes había ido a visitar con permiso de la Sitiada.

• EN EL ATARDECER DE LA VIDA

Finaliza la guerra carlista y la madre María vuelve a su querido Hospital de Zaragoza y junto a los niños de la Inclusa. El número de expósitos sigue aumentando al igual que los que mueren. La junta decide poner a otras dos hermanas para que ayuden a la madre María.

El 30 de marzo de 1845 llega su jubilación en atención a su avanzada edad y es sustituida por la hermana Teresa Periú. Una vez mas la madre María resulta de difícil sustitución y la junta decide que siga a cargo de la Inclusa.

Una parálisis progresiva la invalida poco a poco hasta el límite de sus fuerzas hasta que la enfermedad la retiene en cama.

“De los últimos momentos de su vida poco puede decirse, porque horas antes de morir se le privó el habla. Solo observaron que, momentos antes de expirar miró a todas con mucho cariño y sonriente, entregando con gran paz su alma al Señor”.

Así, a la edad de setenta y un años y cuarenta y nueve de vida religiosa siendo el día 30 de agosto de 1853 dejaba su legado: Servir a todos, principalmente a los más pobres y necesitados con una Caridad sin fronteras.

Hoy vivimos este carisma más de 3.000 hermanas.

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